La chica de la sudadera roja

La aventura de una chica alocada

Érase una vez, una chica llamada Nerea. Ella vivía en un barrio cercano a la montaña de Collserola, en Barcelona y le encantaba jugar al voleibol. 

Algunas tardes a la semana, iba a entrenar con sus amigas y compañeras de equipo. Asimismo todos los fines de semana jugaban partidos en campeonatos. 

La chica casi siempre llevaba la sudadera roja de su equipo, ya que se sentía muy cómoda con ella. El rojo era su color preferido y como tenía varias sudaderas iguales, pues no le importaba repetir.

La abuela viajera y su cumpleaños

Muchas veces, cuando tenía la tarde libre, su madre le recordaba que fuera a ver a su abuela. En cuanto a la abuela, no era la típica anciana, ya que era muy vital y le encantaba viajar. Por eso a la chica le gustaba ir a ver a su abuela, porque siempre tenía historias y aventuras de sus viajes.

Al fin llegó el tan ansiado cumpleaños de Nerea y con muchas ganas lo quiso celebrar con todas sus amigas y amigos. Así que su madre celebró una bonita fiesta en el jardín e invitó también a varios familiares. 

Por entonces su abuela se encontraba de viaje y no pudo asistir a la fiesta. Así pues la chica quedó con su abuela el domingo, al regreso de su viaje, para darle un trozo de pastel y coger el regalo que tenía para ella. 

Una elección peligrosa

Cuando llegó el domingo, Nerea se puso muy contenta, ya que le aguardaba en casa de su abuela un fabuloso regalo y la historia de su último viaje.

Pero cuando fue a tomar el autobús que la tenía que llevar a Sant Cugat, vio que justo ese día estaban de huelga. Puesto que la casa de su abuela se encontraba al otro lado de la montaña y no podía ir andando, tuvo una idea un poco alocada.

Como su madre estaba trabajando y no llegaría hasta la noche, decidió tomar prestado el ciclomotor del garaje. Sin embargo hacía casi un año que su padre había fallecido y desde entonces su madre no le había dado permiso para conducirlo. Aún así, pensó que nadie se enteraría y que no podía ocurrir nada malo, porque solo sería un rato.

A continuación, cogió el pedazo de pastel, su sudadera roja, un casco y sin más, encendió el ciclomotor y se fue. No obstante, dejó una nota a su madre por si acaso tenía algún percance, que supiera que se encontraba en casa de la abuela. 

La chica era muy joven, ya que solamente tenía 16 años y además era bastante ingenua aún. Por lo cual, pensó que para hacer el camino más corto, podía tomar un atajo por un barrio bastante marginal. Sin embargo, nunca se imaginó lo que le iba a suceder, porque su mente adolescente no previno el peligro de ir por ese lugar. 

No imaginaba lo que le iba a suceder

Eran las cinco de la tarde, pero al ser finales de otoño comenzaba a anochecer. Así que la chica quiso apresurarse y cruzar rápido el barrio marginal, pero en estas que se quedó el ciclomotor sin gasolina.

Primero no supo que hacer y llevó el ciclomotor a cuestas un poco, pero enseguida se cansó de arrastrarlo. Después pensó en llamar a su madre, pero con las prisas, se había olvidado el móvil en casa. Así que lo siguiente que se le ocurrió, fue pedir ayuda aunque no se atrevía a hacerlo.

Entonces reconoció a un chico que veía algunas veces en el autobús y decidió acercarse a él, a pesar de que su instinto le decía que no se fiara. Por el contrario, el chico muy avispado, enseguida se ofreció a ayudarle. 

Nerea lo que quería, era llamar a su abuela y que ella le dijera qué hacer o cómo resolver aquella situación. Pero el chico se hizo el loco y le dijo que no llevaba el teléfono móvil encima. En todo caso, que le acompañara a casa y desde allí realizaría la llamada.

Lo que le propuso exactamente, es que dejara allí el ciclomotor y que le acompañara antes a una fiesta. Aunque a la chica no le hacía ninguna gracia, accedió por necesidad. 

Una fiesta desagradable

Cuando llegaron a la fiesta, Nerea no pasó desapercibida, primero por su belleza y segundo por su sudadera roja que llamaba la atención. Más tarde, empezó a observar que el chico cada vez que saludaba a alguien, intercambiaba algo por dinero. Pero no supo qué era, hasta que le ofreció tomar una pastilla. Sin embargo, Nerea la rechazó, porque su madre ya le había advertido de los peligros de las drogas. En ese momento decidió salir corriendo de allí, pero el chico la tomó por el brazo e intentó convencerla para que se quedara. Como pudo se soltó el brazo y huyó de allí inmediatamente.

De igual modo, el chico junto a dos chicos más, salieron corriendo detrás de ella para capturarla. Pero justo en ese instante aparecieron dos patrullas de policía y los interceptaron. Total que fueron detenidos, por posesión y tráfico de drogas, más una tentativa de agresión hacia la chica.

Un final feliz por los pelos

Lo que ocurrió en realidad, es que la madre de Nerea, tuvo que irse antes del trabajo. Al llegar a casa, ver la nota y ver también que el ciclomotor no estaba en el parking, llamó a la abuela. En cuanto la abuela le dijo que no había llegado aún, salió a buscarla con el coche y encontró el ciclomotor ahí tirado, pero a su hija no la encontró por ninguna parte.

Inmediatamente llamó a la policía, que ya estaba alertada por varias quejas de vecinos por la fiesta y pensaron en buscar allí en primer lugar. Así fue como la salvaron de pasar una experiencia mucho peor.

Moraleja

La inexperiencia puede hacer que te equivoques, pero el instinto nunca falla. Si Nerea hubiera hecho caso a su instinto desde un primero momento, se hubiera evitado un mal trago. Por suerte, sí que dejó una nota a su madre, por si le ocurría algo.


Si te ha gustado este cuento con Alma, te recomiendo leer «El gato que seguía su instinto», (este es el enlace).

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