La sanación sin esfuerzo, no existe

Al pensar en un sanador o sanadora, puedes creer que éste va a sacar su varita, que va a producir tu sanación como por arte de magia y sin ningún esfuerzo por tu parte.


El camino de la sanación

Es muy fácil caer en la tentación de pensar, que si el sanador lo hace “bien” habrá sanación y si no, es que lo ha hecho mal. Es una manera de quitarse responsabilidad, dejando en las manos de otros, algo que empieza en la propia persona.

Bien, pues la realidad resulta ser muy diferente. Solo tú tienes la capacidad de cambiar tu vida, empezando por tener la firme intención de hacerlo.

¿Y qué pinta entonces el papel de la sanadora?

La sanadora es la que conoce las herramientas necesarias para que llegues y alcances tu propia curación. No es un ser omnipotente mejor que tú, que tiene el poder de hacer que terminen tus desgracias. Aunque sí que es verdad, que hay personas con dones y entrenamiento muy desarrollados. Además saben guiar muy bien y canalizar de forma efectiva, la intención del paciente que desea sanar.

Entonces por muy poderosa que sea, si la persona afectada no tiene el compromiso sincero de hacer los cambios necesarios para curarse, nunca se producirá esa sanación.

Si tienes ese compromiso contigo y deseas encontrar sanación, en este enlace te muestro diez claves para ayudarte a sanar el alma y encontrar tu paz interior.

El vínculo de «la víctima y el salvador»

También sucede que algunos sanadores creen que son salvadores y entran en el peligroso juego de “la víctima y el salvador”.

La víctima siempre desdichada, necesita alguien que esté pendiente de resolver su vida. En vez de tomar las riendas y poner remedio a sus males. No lo hace, porque ya se siente bien así, si tiene la atención constante de un salvador, por supuesto no le interesará sanar.

Su complemento es el salvador, que tiene la imperiosa necesidad de resolver la vida de todo el mundo. Es tan fuerte esta necesidad que incluso ayuda sin que se lo pidan, descuidando muchas veces sus propias necesidades. Esto lo hace para sentirse mejor persona y en realidad no es por el bien de los demás, sino por el suyo propio.

Este vínculo nocivo no llega nunca a la sanación, ya que se crea una co-dependencia, en la cual cada uno mira hacia sí mismo. El salvador teniendo a una víctima que atender con sus consejos, alimenta su ego sintiéndose imprescindible. Y la víctima nunca hará nada por su propia sanación, ya que así perdería las atenciones de su salvador.

¿Y cómo se resuelve una situación así?

Tomando cada uno la responsabilidad de su propia vida.

  1. La víctima, deja de ser víctima en el momento que toma acción con o sin ayuda.
  2. El salvador, deja de serlo y se convierte en sanador, cuando ayuda a los demás solo si se lo piden y dejando que sean los propios afectados quienes resuelvan el problema.
  3. Recordando la premisa: Sin víctima, no hay necesidad de un salvador.


Todos tenemos capacidades increíbles para sanar. Solo hace falta voluntad y a veces un/a guía, pero lo más importante es QUERER

 

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