San Juan, la verbena mágica

San Juan

Una verbena más…

En una noche de verano, varias mujeres preparaban una hoguera para celebrar la verbena de San Juan. Se encontraban en el jardín de una de ellas llamada Silvia, que siempre ofrecía su casa para estas celebraciones. Algunas mujeres colocaban cojines y mantas en forma de círculo, mientras otras avivaban el fuego recién hecho. Más tarde llegarían los hombres con los tambores, las maracas y el Cacao.

En un rato estaban todos juntos muy alegres y contentos. Mientras algunas mujeres se colocaban flores para adornar sus cabezas, algunos hombres cocinaban el Cacao ceremonial. Aquel brebaje semejante al chocolate deshecho, era amargo y espeso, pero endulzaba el corazón. Y el secreto de sus efectos místicos, era que no llevaba nada de azúcar y además le añadían, canela, cayena y sal.

Ya tenían todo preparado para comenzar. En cuanto terminasen la ceremonia de Cacao, continuarían la verbena compartiendo una maravillosa cena. Para ello habían dispuesto una gran mesa al fondo del jardín, con pastelitos dulces y salados, fruta de todos los tipos, frutos secos, galletas y la famosa «Coca de San Juan». Al parecer les aguardaba un gran festín.

Un oportunista inesperado

Pronto iniciaron el ritual tomando el chocolate sagrado. Entre danzas y tambores, mujeres y hombres se encontraban extasiados. Pero entonces llegó un personaje inesperado atraído por los aromas y que además no había sido invitado. Se trataba de un mapache oportunista que discretamente, les fue robando los alimentos que habían dejado para cenar en el jardín. No contento con eso, fue a buscar a toda su familia y aprovechando que los humanos estaban alterados, se llevaron un buen botín.

Para cuando se dieron cuenta de que había desaparecido la comida, ya era demasiado tarde. Apenas les habían dejado unas cuantas nueces, pero sin rastro del culpable. Pero en una noche mágica en la que se manifestaban las pasiones más ocultas y con ayuda del efecto del Cacao, comenzaron liberar emociones y a sospechar unos de otros. De esta forma, fue como fueron manifestando las sombras de su personalidad y sus desconfianzas internas, llegando al punto en que casi llegaron a las manos.

El momento más tierno de la verbena

Y cuando ya estaban en el momento más ruin de su desconfianza, pasó algo que aclaró todo el malentendido. Aparecieron unos bebés de mapache a por los restos de comida que se habían dejado, sin entender el peligro que corrían. Aquellos hombres y mujeres conmovidos por aquellos pequeños cachorritos de mapache, dejaron el hacha de guerra a un lado y se abrazaron unos a otros en señal de disculpa.

Así fue como sorprendidos y avergonzados, los amigos se dieron cuenta del ridículo que habían hecho peleándose entre hermanos. La ingenuidad de esos pequeños animalitos, también despertó la inocencia de sus corazones y de esta manera se rindieron al amor.

Una visión más sabia

Carmen, la mujer más veterana, se había mantenido al margen al igual que su marido. Ella sabía desde el primer momento lo que había ocurrido. Pero prefirieron quedarse a un lado y dejar que las emociones más primitivas aflorasen en aquellos hombres y mujeres. Ya que sabían que era una noche mágica y que se había provocado el suceso, para que aprendieran todos una lección de humildad.


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